RUMOR DE PAVESAS

Me cabe la satisfacción de escribir unas líneas sobre el libro de mi amigo Javier Lacruz, compilación de los artículos que sábado a sábado ha ido publicando en las páginas de El Periódico de Aragón, desde el primer momento en que este periódico inició su singladura aragonesa. Javier es un brillante profesional de la psiquiatría, que además cultiva una serie de tareas y aficiones vinculadas con la cultura. Su exquisita sensibilidad, sus profundos conocimientos pictóricos, su amor por la lectura y su honradez intelectual lo convierten en un prolongador de la vieja tradición humanística que lamentablemente escasea en los tiempos que corren. El libro que tienen en sus manos es un texto articulado en torno al lenguaje y a la idea, siempre breve, ágil y sin redundancia. En la actualidad, el columnismo vuelve a tener una fuerte implantación en los medios de comunicación, en un país que ha tenido la fortuna de contar con plumas de la talla de los Larra, Gómez de la Serna, González Ruano, Martín Prieto… Y cada columnista tiene su propio estilo, sus señas de identidad y Javier ha dado muestras sobradas de sus peculiaridades en sus artículos en El Periódico. En este sentido, Javier tiene una enorme coherencia, un poso profundamente humano, derivado de su exhaustivo conocimiento del alma humana, del hombre y de sus circunstancias, de la realidad y del onirismo, de las apariencias y de la profundidad. Y todo ello lo desarrolla mediante el uso de una prosa severa, clara, utilizando un léxico culto, pero siempre alejado de la pedantería, recurriendo a una sintaxis profundamente española por castellana y que va más allá de tantos y tantos circunloquios que en ocasiones sólo logran oscurecer el mensaje. Como director de El Periódico he tenido la dicha de leer uno a uno y antes que los lectores los artículos que hoy conforman este libro y he de decir, ahora que han sido recopilados y se pueden leer en conjunto, como un todo y estructurado, que hay madera de escritor.

Miguel Ángel Liso
Director de El Periódico de Aragón

Javier Lacruz, junto al brasero

Los aragoneses somos, en general, previsibles en nuestro comportamiento e imprevisibles en nuestras aficiones, vicios y sentimientos. Javier Lacruz lo muestra en este libro, Rumor de pavesas, de forma tan brillante como sorprendente. La curiosidad de este hombre por todo es oceánica. Su forma de abordar esa ilimitada fuente de sorpresa es metódica, paciente, casi diríamos doméstica. He conocido a Javier Lacruz en su faceta de coleccionista y buen conocedor de arte, del arte moderno aragonés en concreto. Una vez me hizo una entrevista y sabía más de mi vida de lo que yo recordaba. Además de memoria, eso exige curiosidad. Y ya entonces me intrigó ese aspecto doble y aparentemente contradictorio de Javier: como hombre de ojos abiertos y como paciente ordenador de lo inabarcable.

Buscando en la lejanía honrosa del paisanaje, me imagina a Javier Lacruz como un fámulo, un escribano o incuso un heredero de aquel aragonés eminente, padre cultural de Gracián, que fue Lastanosa, el ilustrísimo y poco conocido prócer oscense que amparó las andanzas del colérico y sufriente fraile, genio de nuestra prosa y uno de los mayores retorcedores de la actividad mental y, lo que es más importante, moral, que haya dado el mundo.

Leo estos artículos de Javier Lacruz en el Periódico de Aragón y me siento, por lo dicho, transportado a una tertulia de invierno en el palacio de los Lastanosa, con Gracián junto al brasero y echando estas hojas volanderas al fuego para dar lumbre a una idea que es la misma de la civilización: la palabra que vive en la curiosidad. Esas son las pavesas del discurrir de Javier, ese el ruido, tan nuestro, tan de casa, de no poder dejar de hablar de lo que está fuera de nosotros y sin embargo, tan irremediablemente cerca. Si existieran los caracteres regionales, esa sería la prueba del carácter aragonés. Al no existir, queda como una hermosa muestra de sus mejores costumbres. No hay pavesa que arda nunca en vano.

Federico Jiménez Losantos

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Título

Rumor de Pavesas.

 

Editorial

Mira editores, Zaragoza.

160 páginas. 24 x 17 cm. Tapa blanda.

 

Año de publicación

1995