Alguna vez Francisco Umbral –que escribe sus artículos en una modesta y antigua máquina Olivetti, con sólo dos dedos y con la espesura mullida del ABC debajo– explicó que un artículo debe contener un par de ideas y un buen relleno de literatura. Javier Lacruz debe no sólo saber eso sino aplicárselo como regla de oro o como catón heredado. Por eso sus artículos siempre contienen la carne precisa y el condimento retórico que sojuzga, aunque Lacruz –que es un desasosegado irreductible; colecciona cuadros inquietantes y casi monocromos, juega de delantero centro a la vieja usanza como Felipe Ocampo o Santillana, conversa como pocos y es psiquiatra– no ahoga sus palabras bajo fórmulas complacientes. Al contrario. Prefiere ir al grano, con la razón por delante. Si hay que confesarse antimonárquico, si hay que proclamarse contra los usos y abusos de la Iglesia o si hay que defender la vida privada de un ser que puede ser más o menos abyecto (la abyección no consiste tanto en prácticas íntimas más o menos escandalosas como en no permitirlas en los otros y revelarlas en primera plana y a cuerpo 45), véase el artículo El vídeo, lo hace sin afectación, con rotundidad de aquel que considera que le asiste la sensatez, la inteligencia y no forzosamente el buen gusto. Otro rasgo de este libro: verán el sentido de la oportunidad y la visión audaz de la realidad del periodista no improvisado que es Lacruz, matiz que nos lleva a leerlo todos los sábados como un iconoclasta necesario. Comprobarán cómo traba el autor sus textos, cómo los ha enriquecido de erudición y sabiduría y, sobre todo, cómo sabe acabarlos. El artículo corto, eso que en El Periódico de Aragón se llama un billete, tiene una mecánica propia, una ejecución que recuerda mucho a cuento breve: presentación del asunto y defensa de un punto de vista, progresión central adornada de ejemplos que abonan una tesis y corolario, al que el escritor llega en plenitud: con el verbo afilado y valiente, con la pluma triunfadora.
Antón Castro
Javier Lacruz, una trayectoria humana
Palabra tras palabra, silencio. Una línea, una idea. Otro silencio y el largo caminar de las palabras acurrucándose sobre el papel virgen como si de una buena fila de escolares se tratara. Y al final, palabra tras palabra, línea tras línea, idea tras idea, surge amable, triste, melancólico, enrabietado o lleno de humor ese espacio diminuto que en la prensa diaria llaman billete y que produce pocos de esos y, a veces, algunas amarguras o disgustos.
Y Javier Lacruz se ha convertido –además de especialista en lo suyo que es el cerebro humano– en perfecto billetista tratando los más diversos temas, siempre de manera amable, sin levantar banderas ni arriar cabezas. Se va del arte a la ciencia, de la sociedad a la psiquiatría –que es lo suyo–, de la ética –no le gusta Ciorán y a mí me chifla– a la política. Es decir que avanza por toso los flancos de la vida del hombre para darnos luego, recopilando aquellos en las páginas de este libro, una visión personal de este mundo sobre el que vivimos, trabajamos, luchamos y morimos.
Y eso no se hace así como así. Hay todo un trabajo intelectual detrás de este aparente menudo esfuerzo que la prensa diaria devota como un viejo Saturno a sus pequeños hijos, los adoradores del señor Gutemberg. Y sí miras el índice descubres tantas y tantas atractivas materias que, posiblemente, no sabrás por donde empezar pero, y esa es una de las buenas cosas de este tipo de texto, lo hagas por donde lo hagas, Javier te irá mostrando su trayectoria humana. Al final, cuando cierres las páginas, cuando reposes tus ojos sobre la soledad de las últimas horas de la noche, habrás descubierto el íntimo mundo de un hombre, que no es poco. Y eso se lo deberás agradecer a Javier que ha sido capaz, a través de sus páginas, de mostrarte la sinceridad de su concepción humana sobre esta vida que nos ha tocado sobrevolar, volar y hundirnos hasta los tuétanos en ella. Por todo ello, gracias Javier, humildemente muchas gracias desde este panorama inquieto que senos va de las manos y que no es otra cosa que el TIEMPO.
José Antonio Labordeta

Título
Madera de Pecio.
Editorial
Mira editores, Zaragoza.
160 páginas. 24 x 17 cm. Tapa blanda.
Año de publicación
1998